Monasterio y iglesia de San Benito

Soborna Sq. 3-a

El conjunto medieval del antiguo monasterio de San Bernardino e iglesia de San Andrés es uno de los monumentos arquitectónicos más atractivos de Lviv. Sus edificios magníficos cubiertos por numerosas leyendas siempre fascinan e impresionan a cada uno quien da una volta por la Parte vieja de la ciudad.

A mediados del siglo XV, los monjes del orden de San Bernardino vinieron a Lviv y edificaron un pequeño templo de madera fuera de los límites de la ciudad. Fue esa pequeña iglesia que después dio un empuje a la fundación del convento. Sin embargo, el claustro fue quemado por los ortodoxos indignados por la misión de los frailes occidentales. A principios del siglo XVII, al amparo del rey Segismundo III Vasa, los monjes del orden de San Bernardino empezaron la construcción de nuevo conjunto monasterial, esa vez de piedra.

Debido a la ubicación estratégica –cerca de la ruta peligrosa que estuvo detrás de los muros monasteriales– fue el claustro que sintió primero los ataques feroces de tártaros y turcos. En aquel entonces, la abadía formaba parte del sistema de fortificación de la ciudad y por eso fue rodeada por las murallas gruesas, así mismo torres y aspilleras, y por añadidura, tuvo un foso y muros de tierra. Hasta hoy día queda intacta la torre Glinianska, al lado de cual está un fragmento de la muralla defensiva.

En el centro del monasterio estuvo una iglesia cuyo proyecto fue elaborado por uno de los monjes del orden de San Bernardino. Tres alarifes seguidos se ocuparon del proyecto, por eso el exterior del templo está afectado por distintos estilos a la vez. En general, el estilo dominante es considerado renacentista italiano. El carácter contradictorio del exterior –parte inferior severa y casi ascética se contrapone a la parte superior decorada abundantemente– que ahora se percibe por lo más característico y particular de la iglesia de San Andrés.

La fachada del templo es ornamentada por las figuras de los santos principales del orden de San Bernardino, así mismo las estatuas de Virgen María y apóstoles Pedro y Andrés. El interior pasma por la abundancia del adorno barroco que es característico por las formas decorativas. Son los altares cuya aparición se remonta al siglo XVIII y las pinturas murales creadas por los maestros de talento.

Una elegante torre de 38 metros de altura que en 1753 se convirtió en una torre de reloj. Siempre se adelanta 5 minutos pero eso no significa que el mecanismo se estropeó. Es un recuerdo al monje desconocido que salvó a Lviv durante el asedio de los tártaros. Según dice la leyenda, un fraile del orden de San Bernardino que vigilaba el reloj, subió la torre por la noche y vio las tropas militares. El monje trató de despertar a los guardianes pero ellos no le oían. Pues, él adelantó 5 minutos a reloj y las puertas cerraron. Así, el héroe desconocido salvó la ciudad.

Junto con la iglesia católica edificaron las celdas con las dependencias. Un edificio cuadrado formó un patio donde construyeron una rotonda que erguía encima del pozo. Ella representa un pabellón arqueado coronado por la cúpula. Una pintura vieja queda intacta en su cima. Pese a la belleza, la rotonda difunde el frío. Eso no sorprende, ya que según afirma la leyenda, los monjes echaron en el pozo los cuerpos de traidores que durante el asedio de Lviv por las tropas de Bogdan Jmelnitsky, querían abrirle las puertas al hetman.

La iglesia de San Andrés dispone de la iluminación nocturna que realza la belleza de la fachada por los luces de diferentes colores.

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